Semana complicada

Aquella mañana parecía la guinda del pastel de la semana más extraña y alocada de mis treinta y siete años, incluyendo los dos periodos en el ejército. Y estábamos sólo a jueves.

No es que me hubiera levantado con el pie izquierdo, si no que era como si tuviera dos pies izquierdos desde que mi casera empezara a insultarme y gritarme el lunes, por un comentario que consideró ofensivo; el mismo comentario que llevo haciéndole a la buena mujer, acompañado de un guiño, desde hacía cuatro años. Después llamó mi ex, para echarme en cara que no acompañase a mi hijo, y a su nueva novia, en su primer día de universidad, como él mismo me pidió que no hiciera. Lo que realmente le molestaba era tener que cambiar su rutina de jefa de investigación de BiogenWare para ocuparse de su hijo y tener que interactuar con personas normales en un ambiente no controlado. Si no fuera por la visita de una nueva clienta a la agencia, habría sido un día para olvidar.

El despacho estaba desordenado, ya que la secretaria había dejado una carta de despido poco agradable en mi mesa ese mismo día. La clienta, una atractiva rubia platino de treinta y pocos, casada con un alto directivo corporativo que le pagaba los lujos y las operaciones, quería investigar al novio de su hijastra, que empezaba ahora sus estudios superiores y al que la chica dedicaba mucho tiempo. Ella también me miró mal cuando hice un ingenioso comentario sobre el altruismo de proteger la fortuna familiar, así que me abstuve de usar mis armas de seducción.

No tenía que haber sido un caso complicado. Tenía los datos de la chica y comencé a buscar información online: Jane Maxwell, familia acomodada, buena estudiante, “becaria” en MicrocellTech, la corporación biogenética donde el papi era jefazo… Ahora sólo tenía que seguirla e identificar al novio. Pero esa semana nada podía ser fácil.

Me acerqué al Campus. Era el mejor día para encontrar a los estudiantes, ya que sólo acudían a los eventos, a los laboratorios y tutorías. Las clases eran online, con realidad virtual y aumentada. No había cambiado demasiado desde que seduje a mi ex en mi primer año, antes de que ella acabara y la ficharan en BiogenWare. Siempre me habían gustado las mujeres un poco mayores que yo.

Me dirigí a la facultad de Ciencia, replanteándome si la opción de no ponerme implantes neurales y confiar todo en la bioingeniería había sido la más inteligente. La más cara desde luego. Y no tenía que preocuparme por las baterías ni por las operaciones. Cuando vi a la chica besarse con su novio, volví a pensar en que ojalá esa semana no hubiera empezado. El novio era Mitch. Mi hijo Mitch. Y me había visto.

-¿Qué haces aquí? Te pedí que no vinieras. Jane ya me avisó que para no tener que explicarle a nadie por qué mi padre es ahora una mujer de metro noventa era mejor que asistiera mamá.

En aquel momento los retazos de información que llevaba acumulando durante el día encajaron como las piezas en una partida de Tetris. Jane, empleada de MicrocellTech, convence a su recién y entregado novio de que al día familiar en la universidad no le acompañe su padre transexual y lo haga su madre, científica estrella en la competencia y que apenas se deja ver fuera del controlado y seguro ambiente empresarial. El entorno ideal para una secuestro corporativo. Una extracción doble: madre e hijo, para que así ella estuviera más motivada en trabajar para MicrocellTech o en entregarles sus estudios.

El teléfono de mi ex comunicaba. Seguro que estaba en una videoconferencia con varias personas mientras viajaba en la lujosa limusina blindada de la compañía. Decidí ponerme en marcha y me alejé un poco de ellos. Para encontrar a los agentes del operativo sólo tuve que fijarme en hacia donde miraba Jane. Eran ocho, ya desplegados, cerca de setos o papeleras donde esconder el equipo. Intentaban pasar desapercibidos, solos y en parejas, pero no tenían ningún estudiante cerca.

Pensé en mi amigo James Hunter, recientemente en boga después de su altercado con bioterroristas en el puerto. Nos conocimos en la segunda guerra sudamericana y era de los pocos a los que no les importaba que el sargento Bernard de la primera guerra se hubiera convertido en la teniente Bernice o que siguieran gustándome las mujeres.

-Jimmy, necesito apoyo en el Campus. Extracción de mi ex y mi hijo por parte de un equipo de MicrocellTech.

-Llego en quince minutos. Iré de incógnito. Prepárate para el ruido.

Decidirme a realizar la siguiente llamada me costó un gran esfuerzo. Si salía mal iba a sentirme culpable durante mucho tiempo, pero era eso o arriesgarme al secuestro de Mitch. La situación se iba a poner muy delicada, así que ¿por qué no liarla más?

Menos de quince minutos después apareció Jimmy con una sudadera con capucha y una gorra para taparse la cara. Poco antes de alistarse había tenido una trifulca con los Cuchillas Sangrientas, los pandilleros ciberimplantados que llevaban el tráfico de drogas en el Campus y aún no se habían calmado los ánimos. A través del minúsculo manos libres inalámbrico le fui informando de la localización de los operativos. Él contestaba con monosílabos, con la tonalidad metálica que imprimía a las llamadas el conversor de su procesador neural, para que no se notara ni que estaba hablando. Era como si te hablara directamente su cerebro.

Los acontecimientos se sucedieron rápidamente a partir de entonces. Alguien me pellizcó el culo de una forma que hizo que, sin girarme, pudiera reconocer a mi ex.

-Es una extracción, ¿verdad? – dijo en voz baja. – Me extrañó que Mitch te pidiera que no vinieras y he cambiado la limusina por un utilitario y un par de guardaespaldas, todos de camuflaje, por si acaso.

-Eso parece. Supongo que Mitch quería sorprenderte presentándote a su novia, pero le voy a fastidiar la sorpresa. Es Jane Maxwell, su padre es director de proyectos en MicrocellTech, supongo que quieren acortar plazos en investigación genética.

No pudimos seguir hablando porque varios pandilleros hicieron acto de presencia, con su apariencia punk y sus cibermiembros cromados, asustando a las familias y molestando a los hombres, como si buscaran a alguien. El segundo de los operativos al que se acercaron se puso nervioso y se enfrentó a algunos de ellos. Justo entonces otro reconoció a Jimmy, que no dudó en sacar un subfusil de la mochila y empezar a disparar mientras atronaba mi oído por el móvil: “Bernie, cabrona, si ibas a avisar a los Cuchillas podías haberme alertado. Me vas a deber una buena después de esto.”

Parte de los pandilleros salieron tras Jimmy, todos convertidos en manchas borrosas tras activar sus potenciadores, aunque esos cachivaches baratos no tenían ninguna posibilidad contra el equipo militar de mi cabreado amigo. En ese momento los operativos, sin órdenes claras para reaccionar, sacaron sus armas para atacar a los Cuchillas Sangrientas, oportunidad que aproveché para coger de la mano a mi ex.

-Vete de aquí y pon a salvo a Mitch. Llévate a su novia que seguro que te contará cosas interesantes. Yo os cubro.

Me miró, dudando si decir algo. Sus ojos orientales mostraban que todavía sentía cosas por el Bernie que la enamoró, aunque mi cambio de sexo había sido demasiado para su educación conservadora. Mitch ya era adolescente, yo me realisté en los Rangers, y cuando volví ella se había dedicado totalmente a la corporación, aprovechando el desastre que siguió a la supuesta fuga de un clon y varios asesinatos para progresar rápidamente. Nuestro matrimonio no pudo sobreponerse y lo mejor fue irse cada uno por su lado.

-Soy la misma persona con la que te casaste Zoey. Con lo bueno y con lo malo. Simplemente ahora compartiríamos secretos de belleza. ¡Corre!

Saqué la Beretta y me aposté tras un árbol, protegiendo la ruta de escape. No hizo falta mucho más. La extracción no tenía sentido, con unos pandilleros haciendo retirarse a los operativos mientras otros seguían generando el caos intentando atrapar a Jimmy. A pesar de haberse dado cuenta de que yo había avisado a los Cuchillas, su código de honor personal le impedía dejarme en la estacada, por lo que estaba realizando una retirada lenta y arriesgada.

Diez minutos después el campus estaba casi vacío. Los noticiarios locales iban a abrir la noche con el tiroteo sin víctimas mortales del Campus, pero lo importante es que mi hijo estaba a salvo. Llamé a mi ex y esta vez lo cogió a la primera.

-Como seguro que tu corporación y tu carrera salís beneficiados de este embrollo, tengo un amigo al que una moto nueva aplacaría su ira por lanzarle encima a los pandilleros más chungos del estado. Ahora me tocará explicarle a la madrastra de Jane que va a tardar una temporada en ver a su hija y que será mejor que se esfuerce en calmar a su marido, sin decirle que su preocupación maternal le ha costado una operación millonaria.


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